Un mensaje de amor

Un mensaje de amor

Habitualmente pasaba por ese lugar, una antigua joyería que mostraba en sus vitrinas distintas joyas y artículos afines. Estos lugares se van haciendo familiares y al mirarlos pensamos que alguno de estos días entraremos por aquello que vimos.

Uno de los artículos en la vitrina era una Victorinox Soldier, llevaba tiempo viéndola y pensó que sería bueno reunir el dinero para comprarla. No era posible en ese momento, las cosas no habían sido fáciles, la vida no había salido como se esperaba, todo era más difícil ahora, la ausencia se notaba.

                          

Cada día camino al trabajo, la calle se deslizaba bajo sus pies, como una rutina que parecía no terminar, se necesitaba mucha fuerza interna. Después de todo, la vida siempre continua y hay que adaptarse lo mejor que se pueda. El tiempo es un continuo movimiento que no se detiene, aunque a veces lo parezca.

Mirar de vez en cuando en la vitrina algo tan singular como una navaja de bolsillo, le sacaba de esto tan rutinario. Pensar en comprarla y juntar el dinero, le distraía. Son esos pequeños cambios que hacemos, los que nos hacen ver las cosas de otra manera. 

Finalmente, llegó el día que pudo comprarla, entró y pidió la Victorinox Soldier. A ella le pareció el regalo perfecto para su hijo que se graduaba; a él desde pequeño, le había tocado, al igual que ella, asumir la vida y enfrentarla. Tal vez, sin darse cuenta, el modelo era el ideal, la vida muchas veces es una lucha, y quería recordarle a su hijo, que ella estaría siempre a su lado. Era un mensaje de amor hacia él en ese momento, lleno de significado, y que años después cobraría uno aún mayor.

……

Los días le parecían todos grises, a veces era solo la intensidad del gris lo que cambiaba, pero todo daba igual. Dejaba correr el tiempo entre los matices de los días que se acumulaban sin darse cuenta, dando vueltas una y otra vez en la misma rutina, como un letargo interminable.

¿Cómo he llegado hasta aquí? desde un silencio casi ensordecedor, Marcelo se preguntó, sobre las cosas que pasaban en su vida. Haciendo una breve retrospectiva para encontrar respuestas, casi podía saber, o vislumbrar algo de eso. No estaba donde quería en su vida y menos de la forma que quería. Había tocado fondo, lo sabía, y quería que se disipara esa neblina que opacaba el recuerdo de días más felices.

En uno de esos días grises, decidió que el camino sería hacia arriba, hacia un mundo de menos grises y más colores. Ya conocía el camino, pues había estado allí antes. Tenía personas a su lado que le ayudarían. Sentía dentro de sí, el deseo de dejar atrás todo lo que le impidiera avanzar.

Hay cosas que siempre han estado delante de nosotros, a las cuales no se les presta demasiada atención, aunque siempre hayan estado ahí. De pronto, surgen captando todo nuestro interés. Quizás, al ver todo tan gris, a Marcelo le llamó la atención los colores de una navaja suiza. ¡Qué extraña es la vida! como de la nada, algo tan simple, le hace enfocarse sin darse cuenta. Fue algo casi automático, la vio y la compró. Así, dio el primer paso para lo que sería una gran colección.

Aunque hay muchas cosas que lo ayudaron a salir de de esa melancolía que lo ahogaba, comprar esa navaja se volvió una especie de punto partida, señalando un punto simbólico desde donde se parte el camino de regreso, más maduro, con más experiencia y con la fuerza para emprender y enfrentar la vida que se le presentaba por delante.

Ahora cobraba tanto sentido, el regalo de graduación que le había dado su mamá, una navaja Victorinox Soldier, que le daba un mensaje, que la vida a veces requería de lucha no solo exterior, sino también interior. Él había visto esto en su madre, cada día durante años. De adulto, se ve la vida distinta y a la distancia se valoran más los esfuerzos que otros hicieron por nosotros. Cuando aún no se entendía toda la complejidad de la vida, son esos recuerdos, mensajes de amor del pasado a nuestro presente.

Un coleccionista es alguien que se apasiona con lo que colecciona, pero también del proceso que le acompaña. Con el tiempo, las piezas ya no se valoran tanto por el valor monetario que tienen, sino por la historia que hay detrás de cada una. Quizás, algunos usan sus colecciones para entrar en su propio mundo, como una forma de aislarse de los demás, pero para nuestro protagonista, fue el punto de partida para días mejores. Ahora, todas las dificultades parecían desvanecerse al enfrentarlas. Después de todo, pensaba, la victoria no se logra no cayendo, sino levantándose cada vez.


JRN 

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